jueves, 16 de diciembre de 2010

Si supieras lo que se oye desde aquí…

        Pulsando el enlace al final del post se puede escuchar lo que pasa por la mente de un bajista mientras está tocando.
        Al menos, una aproximación de lo que intentaba oír la otra noche, mientras tocaba con un puñado de esforzados músicos, de sobra competentes. Me siento afortunado de haber tocado con ellos, así que no quiero que piensen que sólo estaba pendiente de esto.
        Otras cosas que escuchaba:
  • Los inmaculados redobles de caja del batería, dignos del mismísimo Elvin Jones.
  • El acompañamiento rítmico del primer guitarrista, aunque no podía escucharlo con claridad.
  • El refuerzo rítmico a base de palm-muting del segundo guitarrista.
  • La serie de solos que intercambiaron después los guitarristas.
  • Pepa y Vanesa, muy amigas ellas, que estaban en primera fila y de vez en cuando soltaban carcajadas sin soltar el gin-tonic.
        Por no hablar de esa subdivisión rítmica de semi-corcheas que marcaba el charles en algunos trozos, que era la bomba. Ese tempo estable que aporta confianza, comodidad. El amplificador de más allá era un combo bastante decente, pero desde mi posición sonaba muy turbio, aunque obviamente íbamos sobre los mismos acordes. Al amplificador que tenía justo delante le sobraban algunos graves, pero en los solos de guitarra hubo momentos buenísimos. Estoy convencido de que las risas de las dos amigas influyeron en los solos de guitarra. Hizo que los guitarristas se pusieran algo serios y se esforzasen más.

        Los últimos solos fueron los mejores, los más rotundos. Los más certeros. No en cuanto a virguería: en cuanto a sonido.

        Sin olvidar el amplificador del bajo, aquel combo Roland que me prestaron. Ese animalito se las apaña para hacerse oír sin esfuerzo en toda la sala, igual que un bebé.

        Al llegar a casa, como después de tocar durante unas horas me cuesta dormir, grabé esta línea de bajo, casi idéntica a la que había tocado en la improvisación momentos antes. Un intento de aislar la línea de bajo de todo lo demás, risas incluidas, y ponerla como epítome de tantas otras líneas de bajo a lo largo del tiempo. Está ejecutada con púa sobre un MusicMan Stingray de cuatro cuerdas. La grabación es casera, pero me gusta el sonido percusivo del roce de la púa cuando pulsa las cuerdas.

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