sábado, 18 de agosto de 2012

Moverse por el mástil


            En este artículo vamos a enlazar con otro, dividido en dos partes y publicado en este blog, titulado “Enlazando arpegios”. Nos vamos a centrar en digitaciones de mano izquierda, por lo que los números que aparecen encima, o debajo, de las notas se entiende que pertenecen a dicha mano. Será indiferente la técnica de mano derecha que empleemos. En el citado artículos hablábamos de arpegios, que constituyen la estructura esencial de una escala o modo. En el presente artículo los dejaremos a un lado para abordar de lleno dichos modos en varias digitaciones, lo que nos será muy útil desde el punto de vista de economizar movimientos, y evitar desplazamientos incómodos, o arriesgados, de la muñeca izquierda.



Evitando lo incómodo




            Habitualmente, a menos que estemos improvisando, haciendo un solo o tratando de demostrar que podemos recorrer el mástil sin problemas, la pieza que estemos tocando tendrá varios acordes. Nuestra misión, una vez identificados, será encontrar un centro desde el cual poder pivotar, alcanzando todos los acordes con los mínimos movimientos de muñeca izquierda posibles. Si más adelante la pieza cambia este esquema, recolocaremos nuestra mano para seguir teniendo acceso a los nuevos acordes con el mínimo de desplazamientos. Por ejemplo: el estribillo de una canción puede estar formado por acordes distintos a los de la estrofa, en cuyo caso será oportuno trasladar el anclaje de la mano. Para economizar movimientos nos vendrá bien, una vez más, disponer de varias digitaciones alternativas que usaremos según nos convenga. El ejemplo 1a muestra la digitación usual del modo eolidio, o menor natural:


            El ejemplo 1b muestra una digitación alternativa, empezando por el dedo 4:


            El ejemplo 1c, por último, muestra una digitación diferente, empezando por el dedo 2:


            Lo interesante es dominar todos estos tipos de digitaciones para combinarlos entre sí, y obtener un acceso instantáneo a cualquier escala o modo.

            La digitación del ejercicio 1a es la que se aprende al estudiar los modos, empezando con el dedo 1. Ahora imaginemos una estrofa que alterna los acordes de Am7 y G7 cada dos compases. Es decir, dos compases de Am7, dos de G7, de nuevo dos de Am7, etc. Esta digitación resulta impráctica aun teniendo muy claros el modo mixolidio, correspondiente a G7, y el eolidio, correspondiente a Am7. Por el contrario, si aplicamos la digitación del ejercicio 1b o la del ejercicio 1c, el resultado es una sola posición, desde la que dominamos ambos modos. Partiendo de los ejemplos vistos se pueden obtener digitaciones alternativas para cada modo y para cada escala.

            Las notas son algo más que sonidos. Al pensar en un G, por ejemplo, podemos imaginar su sonido, su escritura en el pentagrama o su lugar en el diapasón. Lo interesante es asociar cada nota, o conjunto de notas, de tres formas a la vez: visual, táctil y auditiva. Sería bueno añadir el olfato y el gusto, pero todavía no he encontrado a nadie que sepa decirme a qué sabe un C o qué aroma despide un Bb. De forma visual, identificamos el esquema gráfico que describe cada modo en el diapasón de nuestro bajo; de forma táctil, identificamos la digitación o digitaciones que emplearíamos a la hora de tocarlo; y de forma auditiva, escuchamos el sonido que producen dichas notas. Así, al leer el ejercicio 1a, no sólo veremos la escritura en el pentagrama o el tabulado, sino que también imaginaremos su situación en el diapasón (Fig. A), lo que nos sugerirá la digitación con que lo ejecutaríamos, y también escucharemos mentalmente el sonido que produce cada nota.



            El método para llegar a conseguir lo dicho en el párrafo anterior, es decir, la triple asociación de cada modo, consiste en trabajar bien todas las tonalidades a lo largo del mástil, prestando atención al sonido de cada nota, los intervalos que se forman y el color particular de cada modo o escala, cantando las notas. Así conseguiremos un dominio de todo el mástil, viendo en él las notas como si las llevara impresas, y pudiéndolas escuchar  mentalmente sin necesidad de tocarlas. Obviamente, si vemos el diapasón de nuestro bajo como si llevara escritos los nombres de las notas, nos será muy fácil visualizar también cualquier escala o arpegio, y escoger la digitación más apropiada. Esto es preferible a tenerse que aprender digitaciones sin ton ni son, pasando por alto algo tan importante como es la conexión que hay entre cada modo y los que tiene alrededor.

           

Desplazamientos deseados u obligatorios



            Lo dicho sirve para los casos más habituales, donde los desplazamientos incómodos pueden ―y deben― evitarse. Otras veces, sin embargo, puede resultar obligatorio un desplazamiento de la mano izquierda. En estos casos hemos de ser capaces de hacerlo de la forma más rápida posible, sin producir arrastres de notas o sonidos de cuerda no deseados, teniendo muy claro de antemano la situación de la nota a la que nos dirigimos, y con qué dedo vamos a ejecutarla. ¿Demasiadas cosas a la vez? Por eso hay que empezar a poca velocidad, para que nos dé tiempo a pensar. Naturalmente, tampoco podemos dejar que el desplazamiento se convierta en una alteración del tempo de la pieza. Es importante ejecutar “a tempo”, tanto la última nota antes del desplazamiento, como la primera después del mismo. No nos podemos permitir el lujo de llegar tarde, porque produciríamos una síncopa no deseada que alteraría el sentido rítmico de la pieza. El ejercicio 2 sirve para practicar desplazamientos bruscos. Lo tocaremos, primero, despacio, a una velocidad de 60, como los relojes, ocupándonos de que suenen todas las notas en su sitio. Después, iremos incrementando la velocidad hasta donde podamos, sin traicionar la métrica del ejercicio (clik para ampliar).


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