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domingo, 2 de febrero de 2014

La importancia del contexto

       Cada vez que escribo, o leo, una frase sobre cómo tocar el bajo me viene a la memoria un montón de situaciones en las que, lo dicho, no sería correcto, y otras en las que sí lo sería. Separar las unas de las otras es tarea de cada uno. Hay pocas cosas que funcionan siempre. ¿Es bueno ecualizar nuestro bajo sin pizca de agudos o medios?, ¿cuándo conviene hacer un relleno al final de frase?, ¿y un solo?, ¿es recomendable introducir notas percusivas? La respuesta a este tipo de preguntas será siempre condicional.

      Wow, ¡cuánta inseguridad me crea esto! En absoluto. Dejemos de buscar el manual de trucos infalibles, eso que siempre suena bien y nos hace quedar como grandes bajistas y músicos. Tocar música, como cualquier manifestación artística, implica explorar, y también arriesgarse. Cierto es que un buen entrenamiento amortigua las caídas, pero nunca se deja de aprender, de mejorar. Y nunca se sabe lo que sucederá encima de un escenario.


      Aprender a relajarse es parte del secreto. La otra parte es la de siempre: utilizar las orejas. Y no para salir volando, como Dumbo, sino para escuchar al resto de instrumentistas que tocan con nosotros, excepto si tocamos un solo solitario sin compañía alguna. Bastante obvio, ¿no? El oído nos dirá si es apropiado esto o es preferible aquello. Nos dará información sobre volumen, ecualización, armonía, ritmo, tempo, y algunas cosas más. Es imposible estar preparado para cualquier situación musical, a modo de boy scouts de la música (bass scouts?). Por lo tanto, una de nuestras mejores habilidades será la de adaptarnos al entorno. A cada entorno.















Algunas ideas:
  • Lo que es adecuado para un estilo musical puede no serlo para otro. El estilo debe prevalecer. Sobre todo, cuando nos pagan.
  • En un grupo experimental se puede uno permitir todo, mientras se ajuste al experimento; en un grupo purista, o de estilo, hay que respetar el estilo musical.
  • La cantidad de notas a tocar irá en función de nuestro sonido: cuanto más grave y más sustain, menos notas. Y viceversa.
  • Cuanto mayor sea el número de instrumentistas que tocan a la vez que nosotros, menos notas. Y viceversa.
  • Es importante reaccionar a lo que está sonando y llenar los huecos. Pero no todo hueco que veamos. Como un arquitecto: puedes construir, pero deja también zonas verdes y espacio para las calles.
  • Si la canción suena turbia, simplifica para limpiar (menos notas). Puede que no arregles la canción, pero ya no será tu culpa.
  • Es interesante concordar sonoramente con el resto de la banda. Hay baterías que suenan más pesado y otros más ligero. Y lo mismo con guitarristas y otros "-istas".
      Como siempre: prueben, comprueben y experimenten. No den nada por supuesto.



martes, 17 de diciembre de 2013

Tocar con arco

Una de las ventajas que ofrece un contrabajo frente a un bajo eléctrico es que se puede usar un arco para hacer sonar las cuerdas. El arco, no sólo permite hacer sonar una nota hasta el infinito, como ocurre al pulsar la tecla de un sintetizador, sino que también permite efectuar cambios progresivos de volumen (fade in ó fade out), y estos matices de expresión pueden enriquecer mucho nuestros fraseos.

En un bajo eléctrico se puede usar un arco, sobre la primera cuerda. Pero, aunque situáramos las silletas del puente en forma arqueada, el cuerpo del bajo nos dificultaría la ejecución. Una solución es rebajar la madera del cuerpo en la parte central. Ahí casi hemos construido un contrabajo eléctrico. No obstante, existen otras formas menos complicadas de emular el sonido del arco en un bajo eléctrico. 

Botón de volumen

Con esta técnica usaremos la mano ejecutora como arco. Toma con los dedos el botón de volumen de tu bajo y ponlo a cero. Golpea con el dedo índice de la mano izquierda sobre cualquier nota en el mástil (fig. 1, izquierda) e, inmediatamente, gira el botón de forma gradual hasta el máximo (fig. 1, derecha). Esto es un fade in. Para ejecutar un fade out procederemos de forma contaria. Puedes obtener el mismo efecto con el botón de volumen del amplificador, solo que es más incómodo.


Fig. 1

Pedal de volumen (fig. 2)

Lo mismo que hicimos con el botón de volumen, solo que controlado con el pie. Esto nos permite mayor independencia, y la posibilidad de ejecutar frases más complejas.

Fig. 2

Slide

Podemos combinar las dos técnicas anteriores con un bottleneck, o dedal de slide. Esto nos permitirá hacer glissandos sobre el mástil. Con un bajo sin trastes podemos obtener un sonido similar al del slide, desplazando los dedos por el diapasón que, al no tener trastes, hará sonar las notas como un continuo, en lugar de nota por nota.

E-bow

Literalmente, arco electrónico. Un dispositivo (fig. 3) que ya tiene cierta antigüedad, pues data de 1976. Hasta donde sé, es específico para guitarra eléctrica, y hace como quince años que deberían haber puesto en circulación una versión específica para bajo eléctrico (¿me escuchan?). Aún así, virtuosos como Michael Manring le han sacado mucho partido. El dispositivo crea un campo magnético y, colocado sobre la cuerda del instrumento, la hace vibrar sin percutirla. Virtualmente puede hacer sonar la nota hasta el infinito... por si alguien del público es inmortal. O tiene una paciencia infinita.

Fig. 3


Como dicen por ahí, vale más una imagen que mil palabras y, en los tiempos que corren, vale más un vídeo que 1.000 artículos, así que vean este de Michael Manring donde, además de utilizar el e-bow, o algo muy similar, usa también un bajo sin trastes (el mítico Hyperbass), resumiendo a la perfección el contenido de este artículo. Ahora sí, el arco vuelve a ser un arma... musical.





sábado, 5 de octubre de 2013

Fiesta de vatios sin impedancia (y II)

Veamos un ejemplo práctico para despejar dudas. Supongamos que queremos comprar un amplificador de bajo, para tocar en directo, y que descartamos la opción combo. Combo, para quien no lo sepa, son esos cajones negros, a menudo usados como asiento en los ensayos, que llevan integrado amplificador, ecualizador y bafle. No nos interesa, preferimos cabezal (o rack) y bafle (o bafles).




En este caso tendremos:
  • Por la parte del cabezal o etapa de potencia (power amp): una potencia de salida (en vatios RMS) a una determinada impedancia  de salida (en ohmios, Ω). Esto deberá ser compatible con las especificaciones del bafle.
  • Por la parte del bafle: una potencia máxima de entrada (en vatios RMS) a una determinada impedancia de entrada (en ohmios, Ω).
Si ya tienes el cabezal asegúrate de que el bafle sea compatible; si ya tienes el bafle, asegúrate de que el cabezal sea compatible. Supongamos que nos decidimos por un cabezal de marca X, en cuyo manual viene especificado:

180 w @ 4 Ω

Es decir, "ciento ochenta vatios a cuatro ohmios". Ya tenemos la potencia (180 w) y la impedancia (4 ohmios) de salida. Ahora, ¿qué bafle podemos comprar que sea compatible con estas especificaciones? Tomamos los 4 ohmios de impedancia como mínimo que no debemos sobrepasar y:

  • Si conectamos un bafle de 2 ohmios es muy probable que dañemos el equipo, al aumentar la potencia a 360 vatios.
  • Si conectamos un bafle de 4 ohmios estamos en zona segura y sacamos 180 vatios de potencia.
  • Si conectamos un bafle de 8 ohmios estamos en zona segura y sacamos la mitad de potencia, unos 90 vatios.
  • Si conectamos un bafle de 16 ohmios estamos en zona segura y sacamos la mitad de la mitad de potencia, unos 45 vatios.
Después, nos aseguramos de que el bafle soporte algo más de los vatios que le vamos a suministrar. Si nuestro bafle tiene entrada de 8 ohmios, nos aseguraremos de que soporte como 100 vatios o más. Y lo mismo en cada ejemplo.

Después, sólo queda subir el volumen y disfrutar.

En cuanto a frecuencias, medidas en herzios (Hz) y kiloherzios (kHz) ya es un tema de ecualización, que no afecta en nada a la seguridad del equipo, ni a la potencia. El rango de frecuencias de los conos del bafle, tanto si es uno como si son varios, es la parte del espectro total de frecuencias que produce tu bajo que el bafle puede sacar. Un bajo de cuatro cuerdas produce una frecuencia mínima de 40 Hz (cuerda E al aire); y un bajo de cinco o seis cuerdas produce una frecuencia mínima de 30 Hz (cuerda B al aire). Dicho esto, y por las leyes de la Física, no encontrarás cono que reproduzca en su totalidad las frecuencias de un bajo eléctrico, puesto que tendría que medir ¡nueve metros de diámetro! Sí, has leído bien. Por eso, los bafles que se venden reproducen una parte del espectro total de frecuencias, pero no todo. Ni falta que hace. No le hizo falta a Jaco Pastorius, no nos hace falta a nosotros.


jueves, 3 de octubre de 2013

Fiesta de vatios sin impedancia (I)

Grande es la confusión que existe en cuanto a amplificadores, cómo funcionan, qué bafles le puedo conectar, etc. Después de ver muchas entradas en grupos de Facebook, donde bajistas principiantes se dejan aconsejar por expertos todavía más principiantes, surgió este post. Allí encontré no pocos alquimistas que mezclan en el mismo caldero frecuencias, potencia, impedancia y pasos de baile. ¿Qué esperabas? Saltarse las clases de Física a los quince años tiene su precio.

Si te da por la alquimia, lo único que consigues al mezclar la impedancia con la potencia es la impotencia. Si añades frecuencias a la ecuación obtienes la evanescencia y, después, es lógico que todo te de vueltas, puesto que has abandonado este mundo en pos de una nueva dimensión. Tú crees que puedes regresar, pero, ¿puedes? Esa es la cuestión, la misma de la que hablaba Hamlet, por cierto.

Ya hablamos de potencia en artículos anteriores de este mismo blog. Ante todo, recomiendo leer el manual de todo aparato que pretendamos comprar, alquilar, conectar o utilizar. Concretamente, la parte denominada "Especificaciones" ("Specs", en inglés). Allí viene la información técnica que necesitamos, o sea, los datos, para utilizar convenientemente el equipo. Además hay que saber interpretarlas, y a eso vamos.

Algunos errores comunes:
  • "Tengo un bafle de 200 vatios...".
No. Lo que tienes es un bafle que, como máximo, soporta 200 vatios. El bafle, de por sí, no genera potencia alguna, sino que soporta la que le envía el cabezal que le conectes. Eso sí, tiene un límite en cuanto a carga, y ese el máximo que recomienda el fabricante no sobrepasar.
  • "El rango de frecuencias del bafle para el bajo debe ser de...".
El bajo genera un amplísimo rango de frecuencias, las cuáles no hay bafle que las pueda reflejar en su totalidad. Ni falta que hace. Llevamos más de sesenta años escuchando bajos excelentes.




Otra cosa que marea mucho es cómo funcionan la potencia y la impedancia combinadas. Podríamos decir que la potencia y la impedancia van en sentido inverso, puesto que, a mayor número de vatios, mayor potencia, y a mayor impedancia, menor potencia. Por ejemplo:
  • Potencia del cabezal: 400 w @ 4 ohm. Impedancia del bafle: 4 ohm. Resultado: potencia de 400 vatios.
  • Potencia del cabezal: 400 w @ 4 ohm. Impedancia del bafle: 8 ohm. Resultado: potencia de 200 vatios (aproximadamente).
  • Potencia del cabezal: 400 w @ 4 ohm. Impedancia del bafle: 2 ohm: Resultado: potencia de 800 vatios... y posible daño al equipo.
  • La impedancia que da el fabricante, en este caso 4 ohm, puede excederse (8, 16, etc), pero no recortarse (menos de 4 ohm). Debe tomarse como el mínimo.

lunes, 22 de julio de 2013

Vatios y más vatios (y II)

Impedancia

Si posees un amplificador de tipo combo, o estás pensando en adquirir uno, te puedes saltar lo que sigue sin problemas. En el caso de los combos, los fabricantes se aseguran de que la potencia y la impedancia sean correctas, para evitar que les lluevan reclamaciones.

La impedancia es una asignatura poco estudiada para la importancia que tiene. Por decirlo pronto y mal, con una mala conexión te puedes cargar un equipo que costó sudor y lágrimas conseguir. Y con mala conexión no me refiero a un cable defectuoso, sino a conectar una serie de altavoces a un amplificador que no soportará la carga. ¿Qué podemos hacer? Pues lo mismo que al comprar un coche, una moto o una bicicleta de montaña: estudiar bien los catálogos.

Concretamente, las especificaciones (specs) del producto, tanto del cabezal como del altavoz.

La impedancia se mide en ohmios (ohms, Ω). Al estudiar las especificaciones del cabezal encontraremos algo parecido a esto:

Output power: 500 w @ 4 ohm, 300 w @ 8 ohm

Y en el caso del altavoz:

Impedance: 8 ohm ; 500 watts peak

El altavoz debe soportar la potencia del amplificador. En el ejemplo anterior, si conectamos cabezal y altavoz obtendremos 300 vatios de potencia, y estaremos en un rango seguro, pues no sobrepasamos los 500 vatios de límite. Algo para recordar:

  • Si conectamos un altavoz de impedancia mayor a la salida del amplificador no dañamos el equipo, aunque obtenemos menor volumen final (output).
  • Si conectamos un altavoz de impedancia menor a la salida del amplificador dañamos el equipo.
Las etapas de potencia suelen ofrecer la opción de puenteo (bridge mono), con lo que dejan de ser estéreo y suman la potencia de ambos canales en uno solo. Esto viene, también, en las especificaciones del producto. Por ejemplo:


Power output: 2 x 1600 w @ 2 ohm, 2 x 1200 w @ 4 ohm, 2 x 650 w @ 8 ohm
3200 w @ 4 ohm, 2400 w @ 8 ohm bridge mono


Vemos cómo varía la potencia en relación a la impedancia: cuanto menor la impedancia, mayor la potencia. En la línea inferior vemos cómo aumenta la potencia al puentear la etapa.


Conectar diversos altavoces a un amplificador

Disponemos de dos posibilidades: conectarlos en serie o en paralelo. En la figura 1 vemos ambos casos. Si los conectamos en serie, la impedancia final será la suma de las impedancias de los distintos altavoces. Si, por ejemplo, la impedancia del altavoz 1 es de 8 ohmios, y la del altavoz 2, de 4 ohmios, la impedancia total será de 12 ohmios.


Fig. 1


Si los conectamos en paralelo, la impedancia final será el inverso de la suma de los inversos de las impedancias de los distintos altavoces. Si, por ejemplo, la impedancia del altavoz 1 (I1) es de 8 ohmios y la del altavoz 2 (I2) de 8 ohmios, la impedancia total (IT) será de 4 ohmios, según la fórmula:


domingo, 21 de julio de 2013

Vatios y más vatios (I)

Eso es lo que necesitamos. Sobre todo para evitar que ese guitarrista abusón, aunque gran amigo nuestro, inunde de agudos y medios el escenario, el equipo de sonido y todo el local, haciéndose un flaco favor al eliminar el bajo en sus solos.


¿Cuánta potencia necesito? Es una pregunta que se hace todo bajista antes de adquirir un equipo. Si fuésemos millonarios compraríamos amplificadores de toda clase, altavoces de todo tamaño e iríamos probando, como un ladrón de cajas fuertes, hasta encontrar la combinación correcta. Lamentablemente, debemos ceñirnos a un presupuesto... y a un espacio vehicular a la hora de transportarlo. La fórmula mágica orientativa consiste en multiplicar por 3'5 la potencia del guitarrista. Si son dos guitarristas no hay que multiplicar por 2 esta cifra, ya que entre ellos intentarán compensar su volumen final (output).

Hay que tener en cuenta, como dijimos al hablar sobre ecualización, que cada sala de conciertos es una historia diferente: por su forma, por los materiales de construcción utilizados, etc. Lo ideal será tener volumen de sobra.

Muchas veces, un amplificador que se vende como "Cebulón 300" no saca trescientos vatios de potencia real, sino doscientos ochenta. La potencia real del amplificador se mide en vatios (watts) RMS y viene en las especificaciones, normalmente asociada a la impedancia, como vamos a ver. ¿Qué significa esto? Que según el tipo de altavoz, o conjunto de ellos, que conectemos al cabezal este nos proporcionará una potencia u otra. O explotará de gozo.

Además, es interesante tener en cuenta el tipo de amplificador, es decir, si funciona a válvulas o transistores. Lo dicho antes se aplica en el caso de los transistores; en el caso de las válvulas habrá que multiplicar la potencia RMS por entre 1'5 y 2. En promedio, un amplificador de 300 vatios válvulas equivale a entre 450 y 600 vatios transistores, dependiendo de calidades y marcas. Los amplificadores híbridos, es decir, de transistores pero con una válvula en el previo, no llegan a sacar sonido ni potencia de válvulas, por lo que entran en el paquete de los amplis a transistores.

Una información particularmente engañosa es la que se refiere a las etapas de potencia (power amp), por si estás pensando en configurarte un rack. Las etapas de potencia especiales para bajo salen demasiado caras, mientras que cualquier etapa no-específica hará el mismo papel. Las etapas suelen ser de dos canales. Una etapa de 200 vatios por canal no saca 400 vatios, diga lo que diga el vendedor. Saca 200 por un canal y 200 por el otro, que nunca es lo mismo que sumar ambas cantidades.


jueves, 10 de enero de 2013

Ecualizando para el gran concierto



Lo sé, es una palabreja incómoda. Aproximadamente, el 90% de los bajistas ―y no bajistas― apagan su cerebro al leer la palabra "ecualización" (o sus siglas EQ) y dedican sus neuronas a asuntos de mayor provecho. No se les puede culpar. La ecualización llega a producir grandes dolores de cabeza. Sobre todo, a tus compañeros de grupo, en pleno local de ensayos, el día que te haces con un amplificador nuevo y empiezas a combinar distintas posiciones de los potenciómetros. Si has sobrevivido es porque tocas con buenas personas. Como siempre, hay de todo. Los hay que piensan que la ecualización es la clave de todo, igual que los hay que piensan que la longevidad es algo que inventaron Led Zeppelin y Deep Purple. Algunos casos comunes:

  1. Descubres una combinación de botones que te aporta un sonido grueso, espeso y demoledor. Pero, al tocar slap, dicha combinación resulta impráctica.
  2. Diseñas tres combinaciones de botones para las tres técnicas que usas: dedos, púa y slap. Además, te has agenciado un conmutador de tres posiciones que te permite cambiar de una a otra sin perder un segundo. La tarde del concierto, en plena prueba de sonido, descubres que la acústica del local las deja inservibles.
  3. A mitad de concierto decides que necesitas más graves y giras el botón de tu amplificador a tope. Al bajar del escenario, nadie te habla.
          
Sí, el tema de las frecuencias ha conseguido que muchos demos vueltas en la cama. ¿Por qué no podemos sonar siempre como (nombre de tu bajista favorito) en (nombre del disco favorito de tu bajista)? Olvídate. Vale más sonar decentemente que intentar sonar siempre como Roger Glover en “Machine Head”.

Digamos, de paso, que sonar bien en directo es complicado. No para ti, sino para cualquier terrícola sin el presupuesto de los Rolling Stones. Peor aún: el día que suenas de miedo no hay nadie que lo  grabe… o lo haga con fidelidad, puesto que eso también es complicado. Por un lado están los directos al aire libre con un viento nada despreciable, que se lleva tus notas a Plutón, o una pared de frontón a cincuenta metros, que te las devuelve a bocajarro; por otro, los directos de interior en una sala que fue pensada para cualquier uso menos el de sala de conciertos. Si tienes suerte, puede que toques en un auditorio. Si el auditorio tiene suerte, puede que lo diseñaran con idea, en cuanto a estructura y materiales. Ojo: un mal técnico de sonido puede arruinar el mejor auditorio (siempre recortando gastos).

Desde luego, motivos de sobra para desconectar cuando vemos la palabra “ecualización”, pero, ¿hay algo que se pueda hacer? Algunos consejos:

  1.  Seguir desconectando al ver la dichosa palabra. Tu cerebro no es tonto. Sabe que, cuanto más sepas sobre ecualización, más te vas a obsesionar. Sólo intenta ayudarte.
  2.  Intuitivamente, es fácil saber si el entorno es demasiado oscuro y reverberante o demasiado brillante y seco. ¿Cómo? Porque lo dicen tus orejas, que también intentan ayudarte. Si sobran graves, recorta; si faltan, añade. Y lo mismo con los agudos. ¿Medios?, ¿existe eso?
  3.  Si el entorno se excede en complicación, sonríe. Tú has ido allí a tocar, no a medirte con los elementos.
  4.  Si el técnico de sonido, a pesar de ser algo friki, demuestra tener orejas, ponte en sus manos. Si no, envíalo a hacer puñetas (mentalmente) y confía en las tuyas. Sin dejar de sonreírle, claro.
  5.  No te pases la prueba quejándote del técnico de sonido. De noche hay un largo camino hasta el aparcamiento.
  6.  Relájate.
  7.  Relájate más.
  8.  Relájate del todo. Es más cuestión de volumen que de ecualización.

Recuerda que la ecualización puede esparcir el volumen de tu bajo, y es lo contrario de lo que queremos. ¿Cómo saberlo? Muy fácil: si al subir el volumen de tu amplificador da la impresión de que este no se da por enterado, corrige la ecualización. Cuando vayan de la mano volumen y ecualización, empieza a templarse la cosa.