martes, 23 de diciembre de 2014
martes, 16 de diciembre de 2014
Bajo Mínimos (1998 - 2014)
Es oficial. La página web sobre bajo eléctrico que escribí hace años, titulada Bajo Mínimos, ha dejado de existir. Bajo Mínimos se encontraba alojada, de forma gratuita, en un servidor perteneciente a una institución pública que, a consecuencia de ciertas obras de reforma, ha decidido prescindir de él, eliminando su contenido. Aunque, naturalmente, guardo copia de seguridad.
Lejos quedan ya aquellos días de febrero de 1998, cuando la página empezó a dar sus primeros pasos. Aquí encontré dos mentores, si menores en edad mayores en conocimientos informáticos, que me ayudaron a poner en práctica esta odisea bajística. Uno de ellos fue Pablo Iranzo, administrador del servidor que albergó la página hasta su último aliento. El otro fue Jordi Oskuro —y su apellido real no lo diré porque lo desconozco—, quien me animó a utilizar el editor de Linux, el Joe, para dar forma a mis conocimientos sobre HTML. A ambos quiero agradecer una vez más su contribución para que esta página viera la luz. Por supuesto que me he acordado muchas veces de ellos a lo largo de estos dieciséis años, también por los buenos ratos que pasamos juntos.
Bajo Mínimos nació y creció en un mundo que empezaba a desarrollarse, como es el de Internet, en la primerísima etapa de la Red. Eran tiempos en los que no existía YouTube, ni Facebook, ni siquiera Google. Tampoco existían la mayoría de los estándares de programación actuales, que hacen que las páginas web se vean de manera más nítida y atractiva que entonces.
Desde un principio mantuvo su utilidad en el ámbito de los bajistas de habla española de todo el mundo, cumpliendo funciones como solucionar dudas o motivar a los lectores a investigar sobre distintos aspectos de las diversas técnicas que pueden emplearse para hacer sonar un bajo eléctrico. Me consta que a muchos bajistas les ayudó en su desarrollo en algún momento de su carrera.
Llegados a este punto existen varias opciones, como son conseguir alojamiento gratuito en otro servidor y resucitar la web, o publicar su contenido, que aprovecharé para corregir y actualizar, en formato de revista o libro digital. Todas ellas se están considerando de cara al futuro.
Mientras tanto, el presente es este blog que estás leyendo, Bajo Máximos, continuación natural de Bajo Mínimos, que seguirá actualizándose, aunque su frecuencia sigue siendo un misterio.
En fin, ¡larga vida al bajo eléctrico!
domingo, 12 de octubre de 2014
Libros, cursos y vídeos (y III)
En realidad, con un buen libro, cinco vídeos, dos tutoriales, un curso o un buen maestro debería ser suficiente para encarrilarnos... si damos con los adecuados. Si tenemos esa suerte, en pocos años adquiriremos una base sólida que nos durará por siempre. Por supuesto, nunca se deja de aprender, siempre hay cosas que mejorar y, según pasan las décadas, hay que actualizarse.
Pero ¿cómo distinguir el buen material? Comparando en base a criterios como los siguientes:
- Claridad. Libros, vídeos y demás que expliquen con claridad no hay tantos. Por desgracia, he leído escasas explicaciones que merezcan la pena acerca de los modos, la música modal, los dominantes secundarios, la sustitución del tritono o la armonía de la escala menor.
- Buena comunicación. Si un libro tiene muchas faltas de ortografía o una redacción pobre, mal vamos. Y se puede aplicar a cualquier soporte físico. No sirve la excusa de que el autor es un grandísimo músico al que no se le puede exigir que, además, sea un gran escritor. Pues no. Pero se le exige que busque un buen escritor, para que le ayude a comunicar su grandísimo saber. De lo contrario, su enorme sapiencia se convertirá en un gran misterio para todos sus lectores.
- Peso. Cuando el material viene muy diluido no es buena señal. Si llevas cincuenta páginas, con letras grandes y espacios en blanco abundantes, además de gráficos o fotos que apenas aportan información, y apenas has aprendido un concepto muy básico, dos cosas:
- Tienes mucha paciencia, pero no la malgastes
- Cambia de libro ya
- Trucos y atajos. La explicación de un procedimiento, aunque sea de forma muy científica, puede ser una trampa. Apretamos este botón y se abre la puerta. No, amigo. Enséñame cómo funciona el botón, cómo puedo construir uno a mi medida para utilizarlo donde lo necesite y poder abrir la puerta que necesito abrir, que rara vez será la del ejemplo. En resumen: no me des un pez; enséñame a pescar.
- Arriba es abajo. A veces, un material que parece muy farragoso puede ser útil si tenemos un poco de paciencia; otras, un material que parece muy claro puede resultar inútil. Comprueba siempre lo que vas aprendiendo para ver si funciona.
No puedo terminar este artículo sin referirme a eso que todos andamos buscando al explorar un libro, vídeo o tutorial: el atajo. Y no un atajo cualquiera, sino el Gran Atajo. Es decir, aquel enfoque o técnica que nos ahorrará un montón de años en nuestro camino hacia la excelencia bajística y musical. Un amigo mío está convencido de que existe dicho atajo. Son cuatro reglas que enseñan en el Berklee College of Music, sólo a los iniciados, a cambio de una costosísima matrícula y el juramento de no revelarlas.
Pues no. En música no hay atajos. Los genios, sin duda, tienen una capacidad cerebral y un talento sobrehumanos, lo que les faculta para aprender más rápido. Pero no encontraron ningún atajo. Y ahora tengo que dejaros porque tengo un par de libros a mitad. No, espera. Esta noche toca jam-session. Allá que me voy.
sábado, 11 de octubre de 2014
Libros, cursos y vídeos (II)
Hay un libro que merece mención especial,
y es el Real Book. Jazzeros y no tan jazzeros, de los últimos treinta años o más, se han visto absorbidos por este fenómeno. Apuesto a que la mayoría de nosotros
hemos tenido nuestra "etapa" de Real Book. No hay duda, es un trabajo
notable, una gran colección de standards, etcétera. Y no voy a ser yo quien le
reste importancia como material de apoyo básico. Aún con todo, creo que es una
etapa de las que hay que superar.
El Real Book no es la Biblia del jazz ni
de la armonía. Y llegados a un punto nos puede hacer más mal que bien. Nos
puede hacer libro-dependientes y de lo que se trata es de tocar. Cuando ves una
orquesta sinfónica en plena ejecución, ¿qué ves? Nada, porque las partituras lo
tapan todo; cuando ves un cuarteto, trío o quinteto de jazz legendario,
¿cuántos papeles ves? Ni uno. Eso es jazz: improvisación.
Muchas partituras del Real Book contienen
errores. Muchas contienen acordes que son sustituciones de otros. Es más
recomendable trabajar nuestro oído musical que acatar de forma dogmática esas páginas.
Si uno quiere tocar jazz —o blues— tiene que
empaparse del sonido, tararearlo hasta durmiendo. Los cambios de acordes, las
armonías, deben resultar predecibles, tenemos que estar cansados de oírlas.
Sólo así asimilaremos completamente el espíritu de esta música. Después será
más fácil tocarlo. Aprender un standard de jazz de oído antes de mirar la partitura es una buena estrategia.
La música tiene su parte intelectual y
teórica, pero debe haber un equilibrio. Una vez conocí a un tipo que lo sabía
todo sobre armonía. Te podía decir, sin pensar y de carrerilla, las notas que
formaban el acorde más raro que le preguntases; la escala más rara empezando
por la nota más inusual; y un montón de cosas más. Sin embargo, no tocaba
ningún instrumento. Sólo estaba fascinado por la matemática musical. Nosotros,
en cambio hemos de hallar ese equilibrio: entre la teoría, la técnica y el
desarrollo del oído. Y alguna cosa más, pero todas son importantes.
Por experiencia puedo decir que muchos
libros me han abierto la mente. Han sido auténticas revelaciones. Es increíble
todo lo que se puede hacer con un bajo y a uno nunca se le había ocurrido.
Tesoros, ya lo creo. Y también son tesoros esos momentos en directo, en
conciertos, ensayos o jam-sessions, incluso en prácticas caseras, donde he comprobado que
la teoría funcionaba. O simplemente, por inspiración llegada de otros mundos, he logrado
escuchar cómo encajaban, de pronto, las piezas del puzzle. También son momentos
mágicos.
viernes, 10 de octubre de 2014
Libros, cursos y vídeos (I)
Hace poco entré en un foro de bajistas que visito con frecuencia, Basstardos.com, y descubrí a un tropel de ciber-bajistas compartiendo libros con voracidad. Libros sobre diversas técnicas o estilos aplicados al bajo eléctrico. Me pareció muy sano, hasta me dieron envidia. Me recordaron a mí, hace muchos años, con la gran diferencia de que entonces no circulaba tanto material como el que hay ahora en Internet, y esto hacía que cualquier partitura medio decente tuviese más valor que un litro de agua fresca en medio del desierto. Al final, no pude contenerme, porque soy un adicto, y tuve que hojear siete de aquellos libros.
No lo puedo evitar. Siempre que veo un libro sobre bajo eléctrico, teoría musical, armonía, música en general, tengo que saber qué tiene dentro. Antes de compartir unos pensamientos acerca del material didáctico que nos desborda, aprovecho para dedicar este artículo a todos los foreros y moderadores de ese foro tan majo que he mencionado más arriba, a quienes debo la motivación para escribirlo. Va por ustedes.
A lo largo de mi vida musical, que empieza a ser larga, he hojeado montones de libros sobre los más diversos aspectos de la música, teórica y práctica, en especial en lo referente al bajo eléctrico. Y no sólo libros, sino también vídeos educativos o entrevistas con músicos. Desde luego, algunos son joyas. El noventa por ciento, sin embargo, me sirvieron de bien poco.
Con libros y vídeos educativos se cumple aquel proverbio zen: "cuando el alumno está preparado, el maestro aparece". Esto tiene más enjundia de la que parece. ¿Por qué no aparece el maestro antes y le evita al inexperto alumno unos cuantos tropezones? De hecho, sí lo hace. El maestro ya llevaba allí un buen rato, pero el alumno era incapaz de verlo porque no estaba preparado. Y no sigo con las tortugas y los ríos porque me desviaré del tema.
Así es. Lo que hace a un libro útil o inútil no es el autor —lo cual explica por qué algunos vídeos de mis bajistas favoritos me parecen infumables—, sino nosotros. Mejor dicho: nuestro estado de aprendizaje. Nuestra ubicación en el largo camino de la Música. Unos libros son demasiado avanzados y otros demasiado básicos. El bueno es el que nos hace avanzar; el que nos hace recuperar el interés por estudiar un poco cada día y probar cosas nuevas; el que nos inspira; el que nos roba horas de sueño.
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